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La miel es un fluido dulce y viscoso que producen las abejas a partir del néctar de las flores. El gusto y color de dicha sustancia está determinado por el tipo de flores de las cuales se recolecta el néctar. Los sabores comunes de la miel incluyen la miel de naranjo, romero, zarza y frambuesa. La técnica utilizada para la extracción de miel de las colmenas de abeja es conocida como apicultura.

Características

La miel es el producto alimentario que puede guardarse durante más tiempo sin que se eche a perder. De hecho, cuando los primeros arqueólogos entraron en las pirámides de Egipto hallaron miel preservada todavía en perfecto estado. Gracias a su alta concentración de azúcar, mata a las bacterias por lisis osmótica. La composición química es principalmente una mezcla de dos azúcares —glucosa o dextrosa (31%) y fructosa o levulosa (38%)— y también de sacarosa (2%).

Tipo de miel

Miel de flores producida por las abejas a partir del néctar de las flores. En las mieles monoflorales predomina el néctar de una única especie: castaño, romero, tomillo, brezo, naranjo o azahar, tilo, acacia, eucalipto, etc. La miel multifloral (mil flores) procede del néctar de diferentes especies vegetales y en proporciones muy variadas. La miel de flores es transparente y se solidifica con el paso del tiempo, según la procedencia y temperatura. El proceso de solidificación se acelera por debajo de los 14º C. La miel de brezo suele endurecer muy pronto, mientras que la de castaño tarda mucho más tiempo.

Miel de rocío o miel de bosque producida por las abejas a partir de las secreciones dulces de pulgones, cochinillas y otros insectos chupadores de savia, normalmente de pino, abeto, encina, alcornoque, etc. Acostumbra a ser menos dulce y de un color más oscuro. Se solidifica con dificultad y puede tener un olor y un gusto especiado y resinoso. La miel de melada (o del bosque) posee un sabor peculiar a pino y es apreciada por su uso medicinal en Europa y Turquía.

La miel en la historia y la cultura

Se cree que los humanos empezaron a extraer miel de las colmenas hace 10.000 años aC, según unas pinturas halladas en la cueva de la Araña, en Bicorp (Valencia). Hipócrates, padre de la medicina, alabó sus poderes terapéuticos y la usó para curar varias afecciones de la piel, úlceras y para aliviar el dolor en general. Los egipcios, por su parte, la utilizaron para tratar las cataratas, llagas, cortes y quemaduras. En la Antigua Roma, los médicos recurrieron a ella para ayudar a sus pacientes a dormirse.

En la Biblia la miel aparece citada en varias ocasiones, siempre como símbolo de placer; por eso, los ríos del Paraíso contienen miel (imagen recogida en el Corán). Los judíos comen fruta untada en miel para desearse un feliz año nuevo, lleno de dulces momentos. Asimismo, las novias griegas mojaban los dedos en miel antes de traspasar el umbral de la casa marital para tener un buen matrimonio y una dulce relación con la suegra. Entre los romanos, la miel servía como presente para los novios la noche de bodas (luna de miel) o como moneda de cambio, igual que el oro o la sal.

En la cocina

La miel se usa principalmente en pastelería, como acompañante del pan y de las tostadas (desayunos y meriendas) y como aditivo de bebidas, como por ejemplo el té. Puesto que es rica en azúcares como la fructosa, la miel es higroscópica (absorbe la humedad del aire), lo cual permite que el pan y los pasteles endurezcan más lentamente si les ponemos un poco. También puede llegar a ser un elemento imprescindible en una cocina sana, tanto tradicional como creativa. Y es que la miel no solo endulza los postres, sino que también participa en la cocina como ingrediente de varias recetas hechas con carne, en las ensaladas, en las salsas de acompañamiento, etc.

Propiedades terapéuticas

La miel posee muchas propiedades terapéuticas. Puede utilizarse externamente gracias a sus propiedades antimicrobianas y antisépticas, ya que ayuda a cicatrizar y a prevenir infecciones en heridas y quemaduras superficiales. Gracias a sus cualidades astringentes y suavizantes también se emplea en cosmética: cremas, máscaras de limpieza facial, tónicos, etc. Asimismo, es un buen conservante natural y un aliado contra el envejecimiento, puesto que contiene antioxidantes que frenan la aparición de radicales libres.

Rica en vitaminas, minerales y aminoácidos, la miel también es un poderoso agente antimicrobiano que permite combatir los resfriados: un tazón de leche o una infusión bien caliente con una cucharada de miel siempre es un buen remedio. De entre los pocos minerales que contiene, los más frecuentes son: calcio, cobre, hierro, magnesio, manganeso, zinc, fósforo y potasio. También están presentes casi la mitad de los aminoácidos existentes, ácidos orgánicos (acético y cítrico, entre otros) y vitaminas del complejo B y vitaminas C, D y E. Además, la miel posee una cantidad considerable de antioxidantes (flavonoides y fenólicos). Se recomienda consumirla a una temperatura no superior a los 60º C para que no pierda todas sus propiedades beneficiosas, puesto que algunos de estos elementos pueden llegar a volatilizarse.
Debido a su contenido de azúcares simples de asimilación rápida, la miel es altamente calórica (cerca de 3,4 kcal/g).